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Disfruta del silencio activo

Mixed race businesswoman practicing yoga in busy urban crosswalk

Hemos aprendido que el silencio es la ausencia de ruido. Constantemente nos solemos quejar de la imposibilidad de estar en silencio. Estamos rodeados de sonidos y raramente éstos nos resultan armónicos. Y es que, algo que suelen hacer los seres en el mundo de la forma es dar cuenta de su existencia y por su puesto, ¡hacemos ruido cuando estamos vivos!

Así que cuando empezamos a meditar o a cultivar la atención plena, cerramos los ojos, y nos topamos con todo tipo de estímulos que nos distraen. Estímulos que llamamos “ruido”. Nos resistimos a todos ellos, intentando controlar nuestros pensamientos, despistándonos de ellos y, desde luego, quejándonos porque ese momento no es justamente el que necesitamos para experimentar “el silencio”. Y vienen las justificaciones para desistir: -“No puedo concentrarme”. -“No encuentro el momento oportuno para hacerlo”. – “Hay demasiado ruido”…

Nuestra mente controladora se monta en la película de que para en el presente es necesario tener las “condiciones de laboratorio” propicias para desarrollar esa actividad. ¡Claro! El presente es algo que está fuera de nosotros, que lo único que tenemos dentro es el modelo que eso que debe ser el presente.

Si todo en la vida se mueve, el silencio también lo hace. Permanecer en silencio no tiene nada que ver con “conseguir que todo se calle“, tiene que ver con aceptar, integrar, sentirnos inmersos en todo ese movimiento y permanecer abiertos a él.

Abrir el corazón y la mente a este momento, es darle a nuestra mente la posibilidad de que se relaje frente a todo lo que pueda percibir. No hay estímulos externos o internos que tenga que controlar. ¡No tiene ni siquiera que controlarse a sí misma para dejar de controlar! En el instante en el que percibimos con total apertura este momento, incluimos todo y nos resistimos a nada. Y vamos sintiendo esa espaciosidad que hay más allá de nuestra mente, esa Conciencia que percibe este momento y a nosotros mismos inmersos en él.

Disfrutamos del silencio cuando somos capaces de abrazar todo el ruido y al abrazarlo, sentimos la quietud. Una quietud viva, activa, en permanente movimiento.

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