LA REALIDAD ILUSORIA DE NUESTROS PENSAMIENTOS

Disfruta del silencio activo
23 octubre, 2015
Sigue el hilo de Ariadna de tu emoción presente y acompaña al pequeño Minotauro que habita en tu inconsciente.
15 noviembre, 2016
Mostrar todos

LA REALIDAD ILUSORIA DE NUESTROS PENSAMIENTOS

Nos han contado, y nos lo hemos creído, que pensar es un acto inteligente. Construimos una identidad, un yo seguro de su propia existencia, a partir de la ilusión de que somos nosotros quienes pensamos, cuando no somos más que meros captadores de ideas que están en el campo.

¿Desde dónde captamos estas ideas?  Desde nuestra capacidad perceptual. Y, ¿cómo creamos dicha capacidad? A partir de los patrones de pensamiento, de las creencias, en últimas, de la historia que nos creamos sobre nosotros y sobre el mundo. ¿Cómo se crean esos patrones? Por medio de la capacidad asociativa de nuestra mente. Nuestro cerebro no incorpora nueva información, realmente lo que hace es que contrasta, compara la información nueva, con la que ya tiene almacenada. De esa forma va teniendo la certidumbre de conocer lo nuevo. Ocurre de la siguiente forma:

  1. Observa un elemento nuevo.
  2. Compara con la información almacenada, con los conceptos incorporados sobre este elemento.
  3. Establece una relación con lo que tiene establecido y lo que percibe como nuevo y en base a esto, actúa.

Este proceso le da a nuestro yo la seguridad de saberse en terreno conocido. Y si en el análisis, nuestra mente considera que no conoce bien este evento o elemento, tiene dos opciones:

  1. Lo niega categóricamente: Esto no puede estar pasando. Esto no puede ser verdad.
  2. Decide aprender a manejarse en este nuevo evento: Se instala una nueva capacidad, por medio del aprendizaje.

¿Qué es el aprendizaje? Es la capacidad de interiorizar un objeto o un evento y hacerlo propio. Esto es, la capacidad de fagocitar una idea o un objeto para que entre a formar parte del universo del yo. Así, hacemos un concepto de lo que ha sido un evento o un objeto con el que nos hemos encontrado. En el concepto cristalizamos dicho evento.

Se trata de un mecanismo evolutivo muy valioso para mantener a los organismos con vida. Se llama ADAPTACIÓN. Sin embargo, este mecanismo no nos permite captar aquellas ideas transformadoras que están en el campo, tan solo, asociarlas con lo que ya tenemos en nuestra memoria asociativa.

Lo que conocemos por CREATIVIDAD, no es más que la capacidad de tomar ideas del campo y permitir que fluyan hacia el concreto. Mantenernos abrazados a la tabla de salvación de las cosas son así, no nos da sino más de lo mismo.

Todo este tema suena un poco teórico. Vamos a poner un ejemplo: Pienso que tengo un problema de liquidez económica. Mis pensamientos me advierten de esto que he reconocido siempre como un problema y me recuerdan con una carga importante de presión (pensamiento-emoción) que debo hacer algo al respecto. Si mis pensamientos me dicen que las acciones que estoy llevando a cabo no son las adecuadas, por lo tanto que estoy amplificando esto que percibo como problema, mientras mi voz interna se hace cada vez más fuerte. ¡La alarma mental-emocional está a punto de estallar!

Así que, desde el punto de vista de aquello que me dicen mis pensamientos, percibo que no soy adecuada para mejorar la situación y que las cosas, con esta actitud, sólo pueden ir a peor. Asumo como real mi falta de adecuación a las situaciones nuevas, lo que aumenta considerablemente la presión que me impongo ante este evento.  Las soluciones que doy a mi problema, son las que se suelen dar en estas ocasiones, según mi historia: parálisis, pensamiento rumeante, tensión en el estómago, culpabilidad, evitación, etc. Hasta que salga de este bache y descanse aliviada, porque se resuelve la situación física o porque cambia mi estado de percepción, voy a sentir verdadero pánico a quedarme sin dinero, pues hay dentro de mí un pensamiento aprendido, que me dice que sin él, no sobrevivo.

En este ejemplo tan cotidiano, hay una maraña de pensamientos que determinan mi relación con el presente. Esa maraña me narra lo que considero que es la realidad y me dice también lo que debo hacer para salir del bache. Y cuanta más carga siento frente al evento, más fuerte será la voz de mis pensamientos.

Esta maraña me recuerda mi historia, por lo tanto, por infeliz que me sienta, me da la seguridad de saber que existo, me narra quién soy y cómo es el mundo en el que me muevo. Y como asumo que lo que pienso es la verdad, asumo que lo que interpreto de este evento, de este momento presente es la realidad. Por supuesto, ante este panorama, sólo puedo entrar en un estado de infelicidad, de ansiedad y de peligro de muerte. Es la película que he creado a partir de este evento, con los mimbres de mis creencias y mi memoria asociativa. Pero no puedo ver que lo que ha creado este conflicto es la disociación de mi mente, anclada en el pasado, narrando una realidad que no corresponde al presente.

Los pensamientos son un flujo continuo hecho de energía psíquica. Sentimos este flujo como propio, porque casi siempre habla con nuestra voz, porque nos cuenta cosas que nosotros creemos, porque nos dice lo que somos y lo que debemos ser. Creemos que es propio, y por eso, estamos dispuestos a matar o morir por defender nuestras ideas.

Esto ocurre porque, del proceso de pensar, sólo podemos ser conscientes de los efectos que tienen los pensamientos sobre nosotros, no de cómo surgen.  Sin embargo, antes de que tengamos conciencia de un pensamiento, éste ya se ha instalado en nuestra mente. ( Te recomiendo el siguiente enlace, en el que Rupert Spira habla sobre qué es una elección: https://www.youtube.com/watch?v=mitNS9u-kPw

Nuestra cabeza está ocupada con las ideas preconcebidas que se rehacen y se recrean una y otra vez. Esta es la razón por la que pocas veces entran nuevas ideas a nuestra psique. Las nuevas ideas, las que todavía no están instaladas en el inconsciente colectivo, pero que están en el campo, tienen la particularidad de transformar todo nuestro sistema de percepción, pero corremos el peligro de no saber quienes somos y, esa incertidumbre es tan grande, que preferimos seguir con el sistema de pensamiento imperante.

Lo cierto (¡qué paradójico!) es que este sistema de pensamiento que damos como real, no es más que un punto de vista, una PERSPECTIVA dentro de las infinitas que hay.

La invitación desde el cultivo de la atención plena, es a volver a mirarnos y mirar el mundo con los ojos de niños, observando todo lo que pasa dentro y fuera de nosotros, abiertos a todo, experimentando, sin más. Contemplando sin más. Sintiendo cómo emergen y se diluyen los pensamientos, las emociones, los eventos a lo largo de la vida, sin más. Esto, en términos de nuestros pensamientos, es una invitación a experimentar una honestidad radical en la que abrimos un espacio para experimentarnos: Tengo miedo, siento miedo, pienso miedo, pero acepto que no sé cómo es este estado, porque es único. Lo estoy experimentando ahora. Y mientras lo siento, dejo pasar todos los conceptos, comparaciones, juicios, acerca de cómo se presenta este momento.

Desde luego que tenemos pensamientos, expectativas, dudas, recuerdos, decisiones… Forma parte del contenido mental que tenemos almacenado y con el nos relacionamos con el mundo y con nosotros mismos. La invitación es a observarlos, saber que están ahí, sin más. Es una invitación para aceptar, con humildad radical, que no somos los dueños de nuestra vida, sino un espacio particular en el que la vida se desarrolla. Cuanto más podemos evidenciarlo, más nos vamos abriendo a esa posibilidad.

Una invitación a no cristalizar lo que estamos experimentando en un concepto, sino a arriesgarnos a vivir nuestra incertidumbre, sin más. Una invitación a experimentarnos dentro de todos los roles posibles, incluso aquellos que no queremos asumir, por miedo a no encajar o a ser aquello que no se espera de nosotros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *